miércoles, 24 de noviembre de 2010

Decepción

Decepción: Pesar causado por un engaño

Así es como me siento, totalmente decepcionada, totalmente engañada. Nunca pensé que una persona pudiera ser tan mala  y portarse tan mal conmigo. Y muchísimo menos pensé que esa persona capaz de hacerme tanto daño fuera una que dijera ser mi amiga. ¿Y cuál es la razón? ¿Cuál es mi culpa? ¿Dejarme llevar por el corazón?

Hay una frase hecha que dice: "La vida es una constante decepción".

Yo nunca creí en la veracidad de esta frase. La vida, obviamente, te coloca muchas piedras en el camino y a veces aparece la decepción en una de ellas. Pero NUNCA pensé que hubiera una gran cantidad de (piedras) decepciones. Para empezar porque para que haya decepción tiene que haber sentimiento. Y no hay tanta gente a la que cogemos aprecio, en la que confiamos, que consideramos buenas amigas e incluso queremos.

La persona de la que hablo hoy cubría todos y cada uno de los calificativos. Para mi era una gran amiga a la que quería y por la que hubiera dado todo.

Aunque también... podría haberme dado cuenta. Llevaba ya un tiempo que de vez en cuando hacía cosas que me molestaban, actos hacia mi persona que eran ofensivos. Lo hacía disimuladamente, de forma perspicaz... ¿Y qué hacía yo mientras? Disculparla porque yo una vez la hice daño sin querer. Supuestamente todo estaba hablado y todo estaba bien pero cómo me engañó. Intentó hacerme creer que todo estaba bien para irme minando poco a poco hasta destrozarme. ¡¡¡¡¡Y yo la creí!!!!!


Por eso ya se acabó. No te voy a dejar que me hagas más daño. Esto ha sido demasiado. Te has metido con mi tendón de Aquiles... Has intentado hacerme daño con lo mío, con lo más cercano... con las personas por las que no es que lo dé todo, es que doy la vida. Y encima ya no es sólo el daño que me puedas hacer a mi sino que indirectamente le has hecho daño a ella y eso sí que no te lo perdono, ni disculpo, ni excuso.
Hoy puedo decir firmemente que hasta aquí llegó nuestra amistad (si es que alguna vez existió), que no hay más oportunidades, y que si por mi fuera nunca más volveré a saber de ti. Al menos no seré yo la que se preocupará por lo que te pase. No voy a dejarte que me hagas más daño y mucho menos que hagas más daño a mi gente. Y la única forma de conseguirlo es quitándote las oportunidades. Así que hasta aquí.
Muchas veces pensé que habías actuado mal con otras personas pero nunca pensé que yo fuera a ser una de ellas... A partir de ahora ya sólo tendrás mi indiferencia, nunca más volveré a escribir más sobre ti.
Sin más que decir... Hasta nunca.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Días reflexivos

Hace unas semanas visité en un blog que me ha hecho reflexionar mucho sobre ésta mi nueva entrada.

Hablaba de lo rápido que pasa la vida. Cómo va pasando, rauda y veloz, sin darnos apenas tiempo a tomar decisiones que van encarrilando nuestra vida y de repente ya somos mayores, muy mayores, y echamos la vista atrás y no paramos de reprocharnos cosas, decisiones que con el paso del tiempo damos por erróneas.

Cuando somos pequeños nuestros padres no paran de tomar decisiones por nosotros, nos van formando, van creando la persona que seremos... Nos van mostrando que la toma de decisiones es algo importante porque para llegar a ser lo que queremos ser necesitaremos tomar muchas. 

Sin embargo, nos engañan un poco. Nos dejan vivir y crecer pensando que podemos ser lo que queramos, podemos ser astronautas, superhéroes o princesas. Y de pronto, llega el momento de la verdad, el momento de orientar nuestra vida profesional... ¿Qué carrera hay que estudiar para ser princesa? Vale, hay que cambiar de futuro.



Elegimos lo que creemos que es más afín con nosotros, con lo que conseguiremos ser "alguien", cubrir nuestras metas y sentirnos bien con nosotros mismos. Y cuando acabas, ¿qué? 

Llegas al mundo "real", el mundo del trabajo. Y de repente te das cuenta de que no puedes ir directamente arriba en la pirámide del trabajo sino que empiezas por un puesto humilde. Al principio con grandes aspiraciones pero poco a poco va pasando el tiempo y te acomodas. Y entonces... cuando llegas a mayor y echas la vista atrás te preguntas ¿por qué? ¿por qué me conformé con eso si no era con lo que soñaba? ¿por qué no luché y me esforcé un poco más?

Y en la vida personal... eliges a tus amigos, a tu pareja y crees que eso es todo lo que tienes que hacer. Pero, ¿es sólo eso? ¿Por qué a veces permitimos que las relaciones se enfríen, se distancien, se olviden? ¿Por qué permitimos que nuestra relación en pareja llegue a la costumbre y monotonía? ¿Cómo se evita?

Ésta es la gran pregunta. Porque yo no quiero llegar a ese punto. Ahora mismo me parece que estoy lejos de ese punto pero... ¿y si llega sin que me dé cuenta de ello?

Siempre he querido estabilidad en mi vida y ahora que la tengo no quiero que se convierta en monotonía porque creo que eso al final nos lleva a errores, y lo peor de todo, al dolor y la tristeza.

Así que no paro de pensar cómo hacer para que cuando me jubile y empiece a mirar atrás no arrepentirme de nada, no sufrir por lo que no fue y podía haber sido, no estar sumida en la costumbre y monotonía y no saber cómo salir de ella.

Porque sí, efectivamente es algo que me pilla lejos (no he empezado casi a trabajar como para pensar ne la jubilación) pero si no voy tomando medidas llegará ese momento y saldrá todo al revés...